Jueves, 08 Febrero 2018 00:00

Dictadura pisotea la negociación para forjar elecciones presidenciales a su medida

 
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Maduro se regocijó con la paralización de acuerdos: ello supone que podrá actuar a sus anchas Maduro se regocijó con la paralización de acuerdos: ello supone que podrá actuar a sus anchas Foto cortesía

Tan dócil como diligente, Tibisay Lucena, a nombre del Consejo Nacional Electoral, convocó los comicios para el 22 de abril. Además de lo atropellado del lapso, el anuncio es la patada definitiva del régimen a la mesa de diálogo y la amenaza de la instauración definitiva del dictador. ¿Qué viene ahora? Es en este punto donde ha de privar la sensatez de una oposición que esta semana ha sorprendido con respuestas unificadas y contundentes que han descolocado a los voceros del madurismo. La crisis puede ser, también, una oportunidad para campear, de una vez, el temporal. 

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Falta de garantías electorales paralizaron proceso de negociación sin acuerdo entre el Gobierno y la oposición

 

La representación del régimen madurista acudió este martes por última vez a República Dominicana más con el ánimo de ultimátum que de conciliación y entendimiento. Tanto fue así, que este miércoles tiró por la borda cualquier posibilidad de acuerdo, de entendimiento y, más, de reconciliación, al precipitar la fecha para la elección presidencial: 22 de abril.

La noche de este miércoles fue la de la reaparición de la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, quien, sin sorpresas, anunció la fecha que implica un proceso electoral atropellado y sin garantías de transparencia.

Lucena resaltó, además, algunos detalles de rigor: que el registro electoral estará abierto hasta el 20 de febrero; que las postulaciones serán entre el 24 y el 26 de febrero y que la campaña comenzará el 2 de abril y terminará tres días antes de la elección.

En un mensaje escueto, añadió: “Tenemos 15 auditorías y como siempre todas las garantías para una elección transparente y confiable, para que los venezolanos ejerzan su soberanía y expresen su voluntad”.

Suspicacias multiplicadas 

No es asunto de genialidad deducir que Lucena esperaba por una orden. El acuerdo de diálogo firmado de manera unilateral fue el activador del anuncio, previo beneplácito de Nicolás Maduro.

 

 

“He dado la orden que se publique el acuerdo de manera inmediata (...) y voy a firmar yo personalmente el acuerdo de República Dominicana para avalar con mi firma este acuerdo y lo voy a cumplir en todas sus partes”, dijo Maduro mientras firmaba el mismo documento que, en República Dominicana, firmó Jorge Rodríguez.

El mismo Maduro que derrumbó cualquier posibilidad de acuerdos, afirmó entonces: “Cúmplase, yo sí tengo palabra (...) el diálogo lo dejó abierto para el que quiera hablar hoy, mañana y cuando sea (...) estoy dispuesto a hablar con la oposición venezolana en República Dominicana el día que ellos quieran”.

Era el documento que la oposición se negó a firmar porque no ofrecía las garantías electorales que han sido exigencias de la oposición: el anuncio de Lucena no respetó siquiera los lapsos obligatorios.

Fue recordatorio del Observatorio Electoral Venezolano (OEV) el que resaltó que desde este miércoles hasta el 22 de abril transcurrirán 74 días. Ni los 90 reglamentarios quiere permitir el régimen.

¿Qué hacer ahora? 

Uno de los primeros en deslindarse de la estocada del régimen madurista fue el rector Luis Emilio Rondón. En rueda de prensa, explicó que salvó su voto para la convocatoria de esta elección: es inadmisible, apuntó, que sea la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente la que ordene su organización.

 
 

“Cuando vemos que una instancia distinta al CNE convoca y le ordena al CNE, en desconocimiento de las variables e imponiendo un adelanto de fecha, se perjudica el proceso electoral y se crea ventajismo, los distintos actores políticos no podrán estar en igualdad de condiciones”, explicó.

Este panorama no toma por sorpresa a la oposición. Todo lo contrario, el resultado era el previsible. Lo explicó Julio Borges al argumentar las razones por las que no se firmó el acuerdo, amén del bolígrafo que blandió Jorge Rodríguez.

“Si no se ha firmado un acuerdo es porque nosotros consideramos que eso que está escrito ahí no es digno del pueblo venezolano y quiero ser muy claro, el pueblo tiene que tener confianza plena que nosotros, nunca vamos a firmar algo que no esté a la altura de los venezolanos”, dijo.

Hilar fino

Pero si Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez reconocieron lo firmado unilateralmente como un acuerdo definitivo, las primeras discrepancias surgieron casi de inmediato con el presidente anfitrión, Danilo Medina. Fue él quien dijo que el diálogo entraba en receso indefinido. Jamás habló sobre el documento como algo definitivo.

Lo que viene a continuación -lo que debería- es la reagrupación de la oposición en una estrategia definitiva e inteligente para enfrentar lo que viene: la posible entronización definitiva de la dictadura.

 
 

Hay prioridades. La primera es la decisión sobre participar o no participar en la elección. Hasta ahora, parece haber consenso sobre no acudir a un proceso acomodado a la medida de Nicolás Maduro.

Pero si participar significa dejar a Maduro correr solo en ese clásico, entonces entra en la disyuntiva otro escenario: el de escoger el candidato unitario por alguna manera de consenso: es imposible que sea, por razones de tiempo, por la vía de las primarias.

Ya habido algunos asomos, aunque sin precisiones. Voluntad Popular, por ejemplo, salió al paso este mismo miércoles: “Culminada esta etapa, creemos necesaria la constitución urgente de un Frente Amplio contra la Dictadura del Hambre y la Corrupción de Nicolás Maduro, una mancomunidad de venezolanos decididos al cambio. Esa mancomunidad debe venezolanos se abocará a la lucha por condiciones electorales que permitan que este mismo año los venezolanos podamos elegir a un presidente legítimo que represente a todos por igual y no producto del sesgo político impuesto por la dictadura”.

Menos precisa resultó Acción Democrática: “Hoy reafirmamos que obedecemos la voz del pueblo venezolano y su ansia por los derechos amparados en las leyes de nuestro país, elementos inamovibles de nuestra lucha que jamás serán entregados”.

La Causa Radical, mediante su secretario general, José Ignacio Guédez, reafirmó que no respaldará participar en elección sin condiciones: “Quien vaya a esa farsa no es opositor sino colaborador”.

¿Qué hacer entonces? Hay que pensarlo. Rápidamente. El tiempo, como siempre pero, esta vez, como nunca, apremia. De aquí depende, ya se ha dicho, la entronización de la dictadura. 

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